Atalaya

Tras la lenta caída de la Pax Romana hubo muchas tierras de nadie, sierras enmontadas, trigales abandonados, huertas llenas de ortigas y zarzas, aldeas vacías, arruinadas, quemadas, olvidadas. Entre el 711 y el año 1000 no había en la península más de cuatro millones de habitantes, la mayoría en los valles del Guadalquivir, el Tajo y Ebro, en las suaves orillas de Levante y en algunas ciudadelas resistentes. A veces pasan por las aldeas los caballeros en sus guerras de religión, sus pequeñas conquistas y razias, visigodos o bereberes o árabes o cristianos o quién sabe. Los monoteísmos eran buena excusa para la conquista aunque luego, la tierra nombrada y poseída debía colonizarse con gente para que fuera productiva y el trabajo de muchos se convirtiese en la riqueza de algunos. Conquistar era nada si luego no venían los villanos y los pastores a trabajar la tierra y hacer grandes los rebaños.

El resultado de estas mil guerras, batallas, choques y sangres dejó sus marcas en el paisaje, cicatrices o piedras que aún cuentan lo que pasó o porqué y cómo, aunque leer las piedras no es fácil.  Son numerosas las construcciones militares que salpican cerros con situaciones estratégicas y que fortificaron las ciudades creando zonas de seguridad. El conjunto de atalayas de la Sierra de Madrid forma parte de un sistema defensivo que controlaba el paso a las vías de comunicación y valles habitados en época islámica, se conocen como Marca media del Al-Andalus, y durante el emirato y califato cordobés constituyó la frontera entre árabes y cristianos.

La atalaya de El Vellón es una construcción de mampostería de planta circular y volumen cilíndrico de algo más de 6 metros de diámetro por 9 metros de altura. El grosor de sus muros es de más de 1 metro y la puerta de acceso, adintelada, está a más de 2,50 metros sobre el suelo exterior. Interiormente se estructuraba a tres niveles de los que se conservan los huecos para empotrar las vigas que habían de formar los suelos de los pisos superiores. Forman parte de este grupo de grupo de atalayas, además de ésta, la del El Berrueco, Arrebatacapas, Venturada y El Molar, que se agrupan sobre los pasos naturales entre Somosierra y Guadarrama controlando el acceso a Torrelaguna, Talamanca del Jarama y el Alto Valle del Manzanares en torno al paso de los Puertos de Navacerrada, Fuenfría y Alto de León, controlan los tres pasos del Sistema Central: la calzada romana de Talamanca del Jarama, la calzada del Puerto de Fuenfría, que aún hoy une Cercedilla y Segovia, y el paso a través de Somosierra.

Entonces no había otros pasos a pie o a uña de caballo. Pero en la mayoría del campo, nadie, lobos y buitres, sombras y leyendas, sobre todo silencio, viajeros intrépidos, comerciantes espantados, caballeros de espada, trashumantes, vagabundos, peregrinos, leprosos, emboscados, juglares, eremitas o gentes que habían vivido allí antes que los romanos, visigodos o árabes nombrasen en sus idiomas los detalles del paisaje… Un “mal país” o un vergel, un lugar dulce para vivir o una tierra hostil. Los testimonios que nos quedan de esos años son contradictorios. Crónicas engañosas que escribieron los vencedores algunos siglos después.

Ramón J. Soria Breña

Temporada 3. Capítulo 4Atalaya
Fecha de grabaciónDiciembre de 2020
Duración2,05 minutos
Fecha de emisión19 de frebrero de 2021
LocalizaciónEl Vellón, Madrid. España
Imagen y sonidoErnesto Cardoso
Montaje y ediciónErnesto Cardoso
OpúsculoRamon J. Soria Breña
MúsicaDoug Maxwell
TemaAngelic forest
LocuciónPilar Martín Martín-Lorente

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