Agua de la fuente

El agua subterránea se almacena en unos emplazamientos donde se mantiene a una temperatura constante y en una disposición similar a la topografía superficial de la zona donde se encuentra. Estos lugares, denominados acuíferos, son formaciones geológicas formadas por sucesiones de capas de materiales porosos e impermeables en las que se aloja el agua dulce bajo tierra. De la porosidad del material geológico donde se encuentre el agua dependerá la capacidad de almacenamiento y la velocidad en el desplazamiento de su masa, que puede ser nula o lenta en comparación con las aguas superficiales y puede moverse desde unos metros a unos pocos centímetros al día. En función de las características de las rocas que lo forman se puede hacer la siguiente clasificación: 

  • Acuifugo: No posee capacidad de circulación ni de retención de agua.
  • Acuicludo: Contiene agua en su interior, incluso hasta la saturación, pero no la transmite .
  • Acuitardo: Contiene agua y la transmite muy lentamente.
  • Acuífero: Almacena agua en los poros y circula con facilidad por ellos.

Para Ignacio Morell Evangelista Catedrático del Departamento de Biología, Bioquímica y Ciencias Naturales de la Universidad Jaume I de Valencia, “La manera más sencilla y precisa de definir un manantial es como una surgencia natural de agua subterránea. Pero esta definición sólo describe lo que sucede, nada explica sobre la historia y el significado del manantial. Nada dice tampoco sobre por qué el agua aflora suave y mansamente o porqué lo hace de manera abrupta; ni justifica si el agua es fría o caliente, o si es dulce o salada, o si es una surgencia efímera o permanente. Nada explica, en definitiva, sobre el origen del agua, su edad, el camino que ha recorrido y los cambios que ha sufrido en su trayecto. Y todas estas cuestiones son las que diferencian unos manantiales de otros”.  Las explicaciones técnicas, los esquemas y dibujos en los que podemos encontrar respuesta a la actividad de las aguas subterráneas, no responden al ensueño, el temor, la magia y a la imaginación que durante siglos ha despertado en los hombres, creando mitos y dioses en todas las civilizaciones, como Airón que estaba arraigado en la península Ibérica probablemente desde el neolítico y cuyo culto respetaron y mantuvieron los romanos.

Tomando la información de este eminente científico e investigador, la tipología de manantiales es muy variada:

a) Según mane el agua a lo largo del tiempo, podemos distinguir entre:

  • Manantiales permanentes. Si bien pueden experimentar variaciones de caudal, representan descargas directas de acuíferos de dimensiones apreciables, caracterizándose por variaciones lentas y amortiguadas de caudal. Suele haber importantes desfases temporales entre el momento de las precipitaciones y las puntas de caudal, pues el agua recorre un largo trayecto desde el área de alimentación hasta la de descarga.
  • Manantiales temporales. Acusan el estiaje hasta secarse por completo, bien porque el nivel del agua del acuífero queda por debajo del nivel de aliviadero del manantial, o bien porque el acuífero se vacía totalmente. Este último caso es el de los acuíferos colgados que presentan niveles permeables de reducido espesor.
  • Manantiales efímeros. Sólo funcionan eventualmente tras precipitaciones relativamente abundantes. Suelen estar asociados a acuíferos de pequeña dimensión en los que el agua reside poco tiempo y por lo tanto presenta baja mineralización.

b) En función del modo de salida del agua del subsuelo, se distingue entre:

  • Manantiales puntuales. Suelen aprovechar para salir al exterior fracturas en rocas consolidadas o cavidades, siendo el caso de la mayor parte de manantiales kársticos.
  • Manantiales difusos. Son un conjunto de salidas puntuales en una extensión más o menos amplia, siendo más frecuentes en acuíferos detríticos, pudiendo considerarse estas surgencias como un solo manantial.
  • Manantiales ocultos. Se producen a los cauces de los ríos o a zonas húmedas, llamándose en este último caso “ojos de agua”.

c) Según el acuífero al que se encuentran asociados, se clasifican en:

  • Manantiales en materiales detríticos. Los acuíferos detríticos suelen ser sistemas de alta inercia, permeables por porosidad intergranular, donde el flujo de agua no es rápido. Por ello, sus manantiales tienen variaciones lentas y amortiguadas de caudal, su descarga suele ser difusa y son frecuentes las salidas ocultas a ríos y humedales.
  • Manantiales en materiales kársticos. Los acuíferos kársticos son sistemas de baja inercia, en los que la recarga de agua se manifiesta rápidamente en los manantiales mediante crecidas y agotamientos, su descarga suele ser puntual.

d) Si el agua aflora a una temperatura 4ºC superior a la media ambiente de la zona, se trata de manantiales termales. El origen de tal circunstancia puede ser:

  • La cercanía de un foco de calor como puede ser una cámara magmática o incluso fluidos magmáticos en áreas de vulcanismo activo, que pueden hacer que la temperatura de surgencia se acerque a los 100 ºC.
  • La circulación profunda del agua, que es la circunstancia más habitual en el área mediterránea. Se deben a la rápida emergencia a través de fracturas de aguas subterráneas que circulan a gran profundidad, donde las altas temperaturas están relacionadas con el gradiente térmico terrestre (aproximadamente 1 ºC por cada 33 metros de profundidad).

e) Si el afloramiento del agua en la superficie terrestre se debe a la intervención humana, hablamos de manantiales antrópicos, que se realizan con el fin de mejorar sus posibilidades de uso, concentrar su caudal o facilitar el acceso. Así, se pueden aflorar aguas por gravedad mediante galerías, minas o zanjas en lugares en los que naturalmente no existirían.

Por alguna razón atávica, siempre recuerdo donde encontré aquella fuente en el camino transitado, el frescor intenso del agua que calmo mi sed y el sabor particular de cada una de las fuentes cuando vuelvo a beber en ellas. Quizá nos conformemos con la fuente que en cada plaza de pueblo sigue manando desde que recuerda su historia, pero descubrir un manantial en el campo siempre es una alegría. Antes se encontraban en los pueblos personas que sabia dónde estaban cada una de las fuentes de su término municipal, el nombre de cada una y la calidad de sus aguas, con suerte todavía podemos encontrar alguna (cada vez menos) que poseen este conocimiento inútil en la era del abandono del campo, del robo y abuso del agua, de las canalizaciones, de las botellas de plástico y de la contaminación por nitratos.

El agua de manantial no está regulada por el Real Decreto 140/2003 sobre calidad del agua de consumo humano, ni por ningún otro, excepto cuando se perciba un riesgo potencial para la salud de las personas derivado de su calidad, en cuyo caso la autoridad sanitaria requerirá a la administración local que adopte medidas necesarias. Ante este vacío legal, muchos ayuntamientos solo se limitan a advertir que el agua no está tratada, no es potable o que no está controlada sanitariamente. En este contexto el consumo de agua de manantial, en según qué circunstancias se encuentren ubicados los acuíferos de dónde provienen, implica “una alta probabilidad de que haya microbios susceptibles de causar enfermedades” según algunos estudios de bastante poco alcance de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU). Hay que prestar atención sobre todo si están situados cerca de zonas industriales, urbanas o donde existan explotaciones ganaderas o usos intensivos en agricultura; mas si a esto añadimos que un reciente informe afirma que más del 50% de las aguas subterráneas de España están contaminadas por nitratos, según las mediciones de la red ciudadana de vigilancia, un organización con más de una veintena de entidades, instituciones y particulares coordinada bajo el paraguas de Greenpeace.

Ante esta situación algunos responsables de la administración recurren a la solución fácil de clausurar de las fuentes públicas, otra solución para salir del paso es conectar a las redes de distribución municipales las fuentes que provenían de agua de manantiales. Es innegable la utilidad pública de las fuentes, cuando estamos en la intemperie nos pueden solventar el descuido de no llevar suficiente agua para continuar nuestro camino, pero también pueden proporcionarnos el mal trago de adquirir alguna enfermedad o beber demasiados contaminantes, cada uno debemos asumir nuestra responsabilidad al beber su agua. Las fuentes publicas son un patrimonio, fueron el inicio del establecimiento muchas poblaciones, también fundamentaron algunas de nuestras creencias más arcanas, fueron el origen de infinidad de topónimos y mucha de la mitología clásica que puso los cimientos de nuestra civilización está relacionada con las fuentes de agua, no renunciemos a ellas ni dejemos que, como tantos otros bienes comunes, las corrompan o nos las arrebaten.

El Pozo Airón

Airón fue dios celta que dio su nombre a pozos, fuentes y lagunas que se comunican con el inframundo. Se les atribuye gran profundidad y se cree que son lugares que atraen a hombres y animales. Cuando algo se pierde se dice: «Cayó en pozo Airón», del que no se sale jamás.

Como dios del inframundo, Airón ofrece una doble cara, en su aspecto positivo Airón es el dios de la vida, pues del inframundo emerge el agua que es fuente de vida y en su vertiente negativa se nos manifiesta como el dios de la muerte, pues el inframundo era el lugar a donde se consideraba que iban a parar las almas de los muertos. El pozo de agua inagotable o la laguna insondable en realidad son una metáfora en la creencia de la existencia del canal que comunica el inframundo con la tierra habitada por los hombres y con el cielo donde se suponía que moraban los dioses.

En muchos sitios donde existe un pozo Airón se encuentran leyendas de terror, en las que el protagonista termina muriendo al caer en el pozo. Este es el caso de la leyenda de don Bueso en La Almarcha (Cuenca), el romance de Tejerina ​o la leyenda de Hontoria del Pinar (Burgos).

Los topónimos conocidos como “Pozo Airón”, ya se refieran a pozos, lagunas, simas, cascadas, ríos, fuentes o parajes, tienen una relación directa con este dios, a veces el topónimo Airón está disfrazado en otros nombres tales como: Pozairón, pozo Ayrón, pozo Hirón, pozo Irón, pocirón o pozirón. En España se conocen 101 topónimos Airón, a los que hay que añadir ocho en Portugal, seis en Francia y uno en Italia, País de Gales, México y Brasil.

Ernesto Cardoso

Temporada 4. Capítulo 11Fuentes de la Alcarria baja
Fecha de grabaciónAbril de 2022
Duración2:16 minutos
Fecha de emisión24 de mayo de 2022
LocalizaciónLa Alcarria baja, Guadalajara, Castilla la Mancha. España
Imagen y sonidoErnesto Cardoso
Montaje y ediciónErnesto Cardoso
OpúsculoErnesto Cardoso
MúsicaAxletree
TemaThe silent grove
Anuncio publicitario