El río Mesa

Las primeras noticias que tuve del río Mesa me llegaron José María, un guarda forestal con el que hablaba todas las semanas para saber cómo estaba la situación de los ríos de la zona de Molina de Aragón y de esta forma informar a los pescadores en una revista digital, me remonto a los primeros tiempos de Internet en que todavía nos creíamos que la red volvería mas amables las relaciones entre los hombres y el espíritu altruista se contagiaba, ¡qué ilusos!.

  • Ernesto, tienes que venir, estos días hay eclosiones en el río de “mariposillas” que las truchas no paran de comer, ¡es un espectáculo!

Para un pescador ávido por descubrir nuevas zonas de pesca posiblemente no puede haber una frase tan mágica. Esa misma semana, no sin antes aprovisionarme de unas cuantas imitaciones de Ephemera danica, realicé la primera de muchas incursiones en un río peculiar, domesticado y salvaje a la vez, en una tierra dura que sorprende por el contraste de sus paisajes, que transmite paz y templanza en el ánimo, un valle que suaviza el paisaje y lo rompe con una cicatriz sobre el mayor sabinar de la Península. Por el que discurre, en lo más profundo de sus barrancos o entre sus ordenadas huertas, un río que seguramente apareciera en mis mejores sueños.

Estaba a punto de acabar el siglo XX, y pescar en un río desconocido en un valle bastante mal comunicado en el que estar solo se convirtió en una costumbre, me descubrió sensaciones que no he parado de buscar en cada jornada en las orillas de cualquier corriente de agua. La observación tranquila de lo que se dejaba mostrar dentro y fuera del agua me hizo cambiar la concepción de lo que hasta en aquella época era para mí la pesca, había tiempo, las prisas por sacar un pez y demostrarme que era capaz de hacerlo quedaron relegadas, casi era una tarea secundaria. Me recreaba en cada lance, la mayoría complicados porque las condiciones de su cauce no son las mejores. Paulatinamente el río me ofreció la posibilidad de aprender a pescar sus truchas, a corregir mis torpezas y a descubrir sus secretos

Luego conocí a Santi, que es la persona que más me ha enseñado de los ríos, porque los conoce a todos y los conoce a fondo. Por esas cosas que tiene la fortuna, también el Mesa es el río de su vida, el de su infancia, el que pescaba con su abuelo, el que le vio nacer como pescador.

Ya no estaba solo, pero no podía estar mejor acompañado, han sido muchas la escapadas que hemos hecho, muchas planeadas casi en el momento. 

Un día de principios de junio salimos del río cuando se acercaba el mediodía con tanta sed como hambre, entre los innumerables huertos bien cuidados que acompañan el rio encontramos una fila de cerezos viejos, grandes y verdes, con las ramas vencidas por el peso de gordas, rojas y jugosas cerezas que nos retaban, no pudimos evitar caer en la tentación y dimos buena cuenta de algún que otro kilo de esta ambrosía para aquellas bocas sedientas. Posteriormente fuimos a comer al único bar del pueblo más cercano, Calmarza. Al entrar se produjo un incomodo silencio, alguna mirada torva de los parroquianos se dirigió a los dos forasteros ataviados todavía con ropajes de pescador.

  • ¿Tenéis algo de comer?
  • Bocadillos. De jamón, queso, chorizo…

En aquellas circunstancias no era una mala opción, pero intentamos no conformarnos y arriesgamos, nunca sabré por qué una frase puede proporcionar tantas situaciones inesperadas.

  • ¿En este pueblo no cogéis las cerezas?
  • Claro que las cogemos.
  • Pues ya están maduras, ¡además están buenísimas!
  • Ya lo sé, las que os habéis comido son de mis cerezos, las vamos a recoger mañana.

A nadie le gusta que le quiten sus bienes, pero menos que los tomen por tontos, fue la sinceridad la que se impuso sobre la malicia y esto se tradujo en los mejores caracoles a la plancha con jamón que me he comido y en una amistad que duró muchos años con el dueño aquel bar.

Retazos de jornadas de pesca en las que las palabras que pudiera seguir escribiendo no serían capaces de expresar tantas emociones. Pero también días maravillosos en sus orillas con su gente y con la mía, con amigos de los pueblos del valle, con pescadores, con camaradas. Trozos de vida compartida, que el tiempo y la amistad hacen que se graben en esas zonas de tu conciencia donde nadie ni nada las puede borrar, profundos sentimientos de plenitud y de agradecimiento por vivir, en un río y en su valle que han sido el mejor de los escenarios.

Ernesto Cardoso

Temporada 3. Capítulo 11Valle del alto Mesa
Fecha de grabaciónMarzo de 2021
Duración3:20 minutos
Fecha de emisión28 de mayo de 2021
LocalizaciónValle del río Mesa, Guadalajara. España
Imagen y sonidoDaniel Agut
Montaje y ediciónDaniel Agut
OpúsculoErnesto Cardoso
MúsicaDaniel Agut
TemaSpringtable

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