Crónica de la extinción de la belleza

Los barbos (Luciobarbus bocagei, Luciobarbus microcephalus, Luciobarbus comizo Luciobarbus sclateri, Luciobarbus graellsii, Luciobarbus guiraonis, Barbus haasi, Barbus meridionalis) son peces aún abundantes en todos los ríos españoles, desde las frías y rápidas cabeceras hasta los tramos medios y bajos. Aunque su carne es insípida y está llena de espinas, se pescó, vendió y comió en España durante miles de años hasta bien entrados los años setenta del siglo pasado. El barbo frito, entomatado y, sobre todo, escabechado, está en todos los recetarios antiguos de la península y borró muchas hambrunas de la gente más humilde.  Hoy apenas se pesca para comer. los pescadores de captura y suelta, sobre todo mosqueros, han redescubierto un pez resistente, tenaz, astuto, impredecible y precioso.

Pero su abundancia actual es un espejismo. Como ocurrió con las bogas (Pseudochondrostoma polylepis, Pseudochondrostoma willkommii y Pseudochondrostoma duriense) que han desaparecido de muchos de nuestros ríos en muy pocas décadas, el barbo lleva camino de ser un recuerdo.  Pensamos que sus poblaciones son muy diversas y muy abundantes pero ningún estudio recoge estadísticas precisas de la evolución real. Contemplamos asombrados, ahora en mayo, remontar los ríos a miles y miles de ejemplares maduros y creemos que no corren peligro, que hay muchos, que van a seguir aquí para siempre, pero esta visión comienza a ser engañosa.

Ahora echamos la culpa al siluro (Silurus glanis) porque es fácil utilizar a esta especie exótica como chivo expiatorio, su apariencia, tamaño y voracidad es perfecta para que se convierta en el malo y el feo de esta posible extinción. Así exculpamos o invisibilizamos a otros responsables y otras causas. Sin duda el siluro depreda muchos barbos y a todo lo que se acerca a su bocaza, pero otra exótica menuda, abundantísima y poco citada como el alburno (Alburnus alburnus) depreda con precisión total las puestas en cuanto la hembra del barbo desova. Los riachuelos de aguas frescas y bien oxigenadas, con fondos de gravas limpias, que necesitan los barbos para que sus huevos eclosionen con éxito, muchas veces se secan por tomas de agua para riego, legales o ilegales; se colmatan de lodo y contaminación urbana diversa; se recrecen por la subida del nivel de los embalses convirtiendo un arroyo en agua parada o se quedan en seco por la bajada repentina del nivel al utilizar el agua para generar energía. También los huevos mueren al estar las aguas de los tramos medios y bajos de nuestros ríos llenos de herbicidas, insecticidas y metales pesados que no sólo esterilizan a los barbos sino que reducen o aniquilan a todos los macro invertebrados de los que se alimenta este pez. 

Por ejemplo pensamos que aquí, en este mar interior, bajo estas 7.300 hectáreas de tierras cubiertas por 1.446 hectómetros cúbicos de agua embalsada, deben vivir millones de barbos, sin embargo, en comparación con la vida que hay en un río de agua limpia y corriente, esto es un verdadero desierto. Por debajo de los tres metros de estas aguas turbias y contaminadas no entra la luz y apenas hay vida. Quedan las orillas, pero las subidas y bajas de nivel ahogan o secan cualquier atisbo de vegetación o bosque de ribera. Además las presas que hay por encima y por debajo de este embalse reducen las posibilidades de remonte del barbo a apenas dos o tres pequeños ríos estacionales. Vemos estos días que suben muchos, miles y miles, pero si estos son todos los barbos que guarda el gran embalse, si sólo son estos los barbos maduros que viven el resto del año en este trozo del río Tajo, esta aparente abundancia es del todo engañosa. 

Cuando el barbo desaparezca, cuando se vuelva un pez raro en muchas de las aguas en las que hoy parece abundar, invertiremos en reintroducciones, programas de cría en cautividad, repoblaciones o otras acciones poco efectivas o inútiles. Seguiremos echando la culpa al siluro, al alburno, al lucio, el bass, la lucioperca o a quién sabe… y sin duda ellos y quienes liberaron a estos peces exóticos en el exótico ecosistema que representa uno de estos embalses, tendrán su parte de “culpa”. Pero la responsabilidad de su extinción será de todos nosotros que abandonamos y olvidamos nuestros ríos, dejamos que fueran encerrados y contaminados y no nos importaron los seres que vivieron aquí durante miles de años, en unas aguas que fueron un día frescas, limpias y libres. Contemplaremos entonces de nuevos estas imágenes precisas y preciosas que no describirán ya la belleza de vida de un río, serán sólo pura arqueología.

Ramón J. Soria.

Temporada 3. Capítulo 10Barbos en primavera
Fecha de grabaciónMayo de 2021
Duración3:15 minutos
Fecha de emisión14 de mayo de 2021
LocalizaciónTributario del río Tajo. España
Imagen y sonidoErnesto Cardoso
Montaje y ediciónErnesto Cardoso
OpúsculoRamon J. Soria
MúsicaCrowander
TemaFriendas

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