Pescando en las tierras de los saami

Un antiguo poema saami nombra añorados viajes nómadas siguiendo los rebaños
de renos, cuando el norte se deshiela y el campo se llena de flores, fresas silvestres
y camémoros. Por entonces las fronteras aún eran difusas y las naciones no habían
cortado los bosques con linderos ni exigían pasaportes en estas tierras duras. Pero
poco ha cambiado esta intemperie. Es un milagro que en la superpoblada Europa
aunque queden desiertos demográficos que son paraísos forestales.

“Es el momento de que viajemos

marchémonos al bosque del norte

apresurémonos sobre las grandes ciénagas

viajemos a nuestro bello hogar”

(Olaus Mattiae Lappo-Sirma (1655-1719)

Sentir frío en Julio. Un frío que está al otro lado del vadeador, los calcetines gordos,
la ropa interior térmica, el forro polar, la cazadora de plumón, el gorro de lana, la
braga de cuello. El frío es una sensación agradable en la cara, la certeza de que
estamos vivos y allí, en medio del agua y la intemperie del círculo polar. Viajar al
norte sólo para tocar truchas y abedules, sin más oficio que el de pescador y
caminante en ríos nuevos y extraños. Pero algunos comienzan a ser viejos amigos
porque recordamos los pasos invisibles que hay bajo el agua, la sendas en la tundra
que nos llevan a ellos, el agua que bebimos, el lugar donde nos encontramos con el
castor, el alce, los renos, el urogallo o el lagópodo, el horizonte que años atrás
robamos en una fotografía y nos asombra de nuevo por su belleza antigua todavía
intacta.

El territorio saami abarca amplios espacios del norte de Noruega, Suecia, Finlandia
y la península de Kola, al noroeste de Rusia. Una tierra con menos de un habitante
por kilómetro cuadrado lleno de miles de ríos y de lagos, bosques de taiga y tundra
con turberas y rocas de gneis que afloran como islas entre el mar verde de líquenes
y musgos. A los del sur de Europa, acostumbrados a los secarrales y los infinitos
barbechos, a los maizales que vampirizan escuálidos ríos y a los bosques
diezmados por los crónicos incendios, no deja de asombrarnos esta naturaleza tan
poco explotada, los bosques fríos y selváticos, los neveros perpetuos, los ríos llenos
de agua de la que se puede beber con solo hacer cuenco con la mano. Y el asombro
también se mantiene como el día, que nunca se agota en noche, el silencio y la
soledad, tan fácil de lograr a pie de agua, convertido en lujo asequible.

Pescar pequeños torrentes, grandes ríos cerrados entre morrenas, chalksteam de
fondo arenoso, cascadas atronadoras, diminutos arroyos de llanura. Pescar sin
horario ni usura, metido cada cual en su horizonte de agua, haciendo equilibrios
sobre una piedra afilada, clavando una gran trucha que se escapa corriente abajo,
haciendo dragar la mosca por el placer de ver a la trucha saltar como un delfín tras
la tomada, atravesar la corriente hasta ese lugar imaginario que para cualquier
pescador es el mejor. Ríos salvajes y peces salvajes.

Los saami mantienen bosques y ríos sólo para ellos, los mejores, los más llenos de
truchas y de salvelinos, de renos y moras, orgullosos de su identidad, su forma de
vida y sus costumbres. Tal vez en el futuro, si el cambio climático sigue aniquilando
el sur, tengamos que pedir refugio en estos confines.

Ramón J. Soria Breña

Temporada 1, capítulo 17Pescando en la tierra de los saami
Fecha de grabación9 al 18 de julio de 2019
Duración3:34 minutos
Fecha de emisión 2 de agosto de 2019
LocalizaciónSaxnas. Suecia
Imagen y SonidoErnesto Cardoso
EdiciónErnesto Cardoso
OpúsculoRamon J. Soria Breña
MúsicaScott Holmes
TemaSecret garden

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