Minas de Ojos Negros. Teruel

Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro”. 

Han pasado unos cuantos años desde que escuche por primera vez la existencia de una población en Teruel, con un nombre tan bonito y sugerente, que me hizo recordar mis días de colegio y las primeras líneas de la obra de Juan Ramón Jiménez. Comenzaba con unos versos dirigidos a su protagonista; con esos ojos tan oscuros y brillantes, con esos Ojos Negros…

En los años 90, gran parte de mi tiempo de ocio lo dedicaba a investigar y a visitar yacimientos donde poder encontrar minerales. Tomar la decisión de salir a las Minas de Ojos Negros sin buscar referencias en el Boletín Geológico y Minero, en aquellas estanterías pulverulentas de la biblioteca, se me hacía muy injusto. Ya entonces, Teruel se resistía a ser olvidado y era un destino privilegiado para los que frecuentábamos el Sistema Ibérico, su geología, sus ríos, sus bosques y sus montes.

A la intemperie todo se mezcla de una manera interesante, permitiéndonos poder descubrir “otras cosas” qué, con esos libros viejos y mucha curiosidad, llenaban la memoria de conocimiento, recuerdos, anécdotas imborrables y alguna que otra historia que mezclar bien y contar.

La explotación de los yacimientos de hierro en Ojos Negros, tienen su origen en los asentamientos celtíberos posteriores al siglo XIII a.C. La necesidad de fabricar armas para la guerra, desarrolló una floreciente industria del metal, que debido a su abundancia, sembró la comarca de pequeñas explotaciones y hornos artesanales. 

Es a principios del siglo XX, más exactamente en el año 1900, cuando se crea la Compañía Minera de Sierra Menera; con el fin de explotar a cielo abierto, los distintos yacimientos para el abastecimiento de los altos hornos de Sagunto, alimentados de material a partir de una línea ferroviaria creada para tal fin en 1907. Inicialmente de forma casi manual, con una lenta y progresiva industrialización, la explotación fue incrementando su producción con altibajos a lo largo de las décadas posteriores. La actividad concluyó en el año 1984, fruto de la pérdida de competitividad de la industria del hierro española y del cierre definitivo de los Altos Hornos del Mediterráneo que dio paso a la reconversión industrial de la zona.

Los yacimientos minerales y las diferentes explotaciones en forma de grandes canteras, se encuentran situadas a ambos lados de la Sierra Menera, entre las poblaciones de Ojos Negros y Setiles, en el límite entre Teruel y Guadalajara.  Los materiales ricos en hierro explotados son calcáreos; calizas y dolomías de edad ordovícica superior (entre 458 y 445 millones de años de antigüedad), formados a partir del cúmulo de restos biológicos marinos de carbonato cálcico (CaCO3) como corales y conchas, a lo largo de varios millones de años. 

Dichos depósitos calcáreos, que constituían ya unas rocas calizas (CaCO3), no eran inicialmente ricos en hierro (Fe) ni en Magnesio (Mg) y es a partir de su enterramiento progresivo cuando empiezan a presentar transformaciones químicas.

El aumento de presión y temperatura que sufre la roca al enterrarse, junto con el agua que circula por las fracturas y huecos existentes, permite que se empiecen a originar procesos químicos de intercambio de iones entre los minerales de la roca y los disueltos en el agua (metasomatismo). El agua contiene, entre otras cosas, altas concentraciones de iones con carga positiva o cationes, de hierro (Fe) y magnesio (Mg), que van sustituyendo poco a poco a los cationes de calcio (Ca) de los minerales de la roca. Es en ese momento, en el que la roca recristaliza, cuando se forma la dolomita CaMg(CO3)2 y por ende la roca denominada dolomía.

Las calizas y dolomías, continuaron con el proceso de enterramiento a lo largo de millones de años y el agua que seguía circulando, cada vez más caliente, seguía enriqueciendo en hierro las rocas existentes por el mismo proceso descrito. Finalmente, los minerales de dichas rocas, fueron adaptando lentamente los cationes de hierro y magnesio a su estructura hasta tener el aspecto que hoy día podemos observar.

De toda esta historia geológica, tenemos trazabilidad en forma de algunos minerales de los que fueron recristalizando, clasificados como carbonatos. El aragonito y la calcita (CaCO3), La dolomita CaMg(CO3)2 y la siderita (FeCO3) principalmente.

La estructura química de los carbonatos descritos, tiene diferencias en función de la composición química que presenta cada uno. A grandes rasgos, es un entramado tridimensional de iones con carga negativa o aniones (CO32-) y otros con carga positiva o cationes que son los metales (Fe 2+, Mg 2+ y Ca 2+). Se produce un equilibrio de cargas negativas y positivas (enlace iónico) que hacen que todas estas moléculas se distribuyan simétricamente en el espacio de manera estable; creando bonitos cristales en forma de romboedros transparentes y blancos (dolomita), agujas piramidales (aragonito) y “lentejas” o cristales lenticulares anaranjados (siderita).

Finalmente, el agua que todo lo creó en un principio, muchos millones de años después, se encargó de destruirlo. La erosión química por circulación de agua de lluvia (agua meteórica) hizo que muchos de estos minerales, como esponjas, absorbieran agua y finalmente la incorporaran a sus estructuras químicas o directamente, el agua, sustituyera a determinada moléculas. 

Es así como se generaron los denominados hidróxidos de hierro; limonita principalmente FeO(OH)·nH2O, con esos colores rojizos y anaranjados tan característicos de las zonas ricas en hierro y que constituyeron la fuente de material de extracción de las minas, que en su momento llevaron los trenes de Sierra Menera a los altos hornos de Sagunto para su procesado y enriquecimiento.

La dolomía es dura, es densa y está recristalizada; pero contiene agujeros más o menos grandes, tapizados con bonitas drusas de cristales. Acceder a ellos es tarea algo complicada, pero no imposible; una buena maza, unos brazos que la sostengan y el viento de Teruel refrescando un maravilloso día de campo; la recompensa como siempre, hermosos y fotogénicos cristales que coleccionar.

Daniel Agut

Temporada 2. Capítulo 4Minas de Ojos Negros. Teruel
Fecha de grabación9 de noviembre de 2019
Duración2:26 minutos
Fecha de emisión7 de febrero de 2020
LocalizaciónMinas de Ojos Negros. Teruel
MunicipioOjos Negros, Teruel. España
Imagen y sonidoDaniel Agut, Ernesto Cardoso
Montaje y ediciónDaniel Agut
OpúsculoDaniel Agut
MúsicaDaniel Agut
TemaSouthern black eyes

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